Los datos personales como derecho fundamental en la Constitución Española

Antes de entrar en materia, hay que entender la protección de datos desde su configuración como un Derecho Fundamental. No es algo que haya surgido ahora, ni es una cosa pasajera, una moda, u otra de esas tonterías que se inventan para hacernos perder el tiempo.

En primer lugar, ¿qué datos identifican a una persona? Pues desde el nombre y apellidos, DNI, número de la seguridad social, fecha de nacimiento, lugar de residencia, correo electrónico, número de teléfono, número de matrícula, firma, huella dactilar, imagen, estado civil, número de hijos, raza, datos de salud, afiliación sindical… hasta un sinfín de datos más que permiten su determinación mediante un elemento identificador.

Pero, si yo no quiero que sepan mis datos me basta con no darlos y, en el caso contrario, si los doy es porque quiero que los conozcan, ¿no?

En la actualidad, rara es la actividad que realizamos o el servicio que contratamos sin facilitar datos personales. Si abres una cuenta en el banco, te piden tus datos, cuando solicitas una factura, te piden tus datos, cuando compras algo por internet, te piden tus datos, si te matriculas en cualquier curso, te piden tus datos, si viajas, te piden tus datos, si buscas trabajo, te piden tus datos, si vas al médico, te piden tus datos… Todo este tratamiento de datos permite identificar a la persona con la que se va a mantener la relación y se convierte, por tanto, en una práctica habitual y necesaria.

Es por ello que la opción de no facilitar nunca los datos queda descartada, pues como no vivas en una cueva o seas un ermitaño de los montes, vas a tener que identificarte incluso varias veces a lo largo del día dejando un rastro de datos detrás de ti como si de Hansel y Gretel tirando miguitas por el bosque se tratara.

Sin embargo, el método de recogida y tratamiento de los datos personales ha evolucionado a lo largo del tiempo con la aparición de las nuevas tecnologías y la modernización de la sociedad, siendo en la actualidad una práctica habitual que los datos se recojan mediante sistemas automatizados, a través de una página web o aplicación online, o que se almacenen y traten en dispositivos automatizados como puede ser cualquier ordenador, móvil o tablet. ¿Cuántos no hemos rellenado un formulario por internet o firmado con un terminal de firma digital al menos una vez en la vida?

Esta automatización ha supuesto un aumento en la calidad de vida de los ciudadanos los cuales pueden, por ejemplo, dar sus datos para realizar la compra de un producto desde su propio sofá. Sin embargo, la facilidad ha llegado para ambas partes y esto también supone que se pueda hacer una recogida masiva de datos sin mayor esfuerzo por parte de las personas que los recaban.

Es por todo esto que resulta cuanto menos necesario buscar una garantía a los derechos de los ciudadanos y un control sobre sus datos. Es entonces cuando surge el derecho fundamental a la protección de los datos personales el cual les da la facultad de controlar sus datos personales y les permite disponer de ellos y decidir sobre los mismos.

Surge así el artículo 18 de la Constitución Española el cual no sólo recoge el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, sino que, además, establece una limitación al uso de la informática para garantizar estos derechos de los ciudadanos.

Este precepto constitucional fue posteriormente desarrollado por la LOPD 15/1999 evolucionando hasta la regulación actual a través del RGPD 2016/679 y de la LOPDGDD 3/2018, además de otras disposiciones normativas.

Se pasa, por tanto, del precepto constitucional y genérico de la protección al honor, intimidad y propia imagen, a una protección más exhaustiva a través de distintas disposiciones legales en las que ya se entra a profundizar en los derechos de que disponen las personas físicas cuyos datos son tratados, tales como el derecho a ser informado de quién trata sus datos, por qué, que tipo de datos trata, por cuanto tiempo… o el derecho a disponer de sus datos accediendo a ellos, limitando su tratamiento o solicitando su supresión, entre otros.

Lo que trata de garantizar el derecho fundamental que hemos mencionado es que puedas controlar tu honor, intimidad y propia imagen, en otras palabras, tus información personal y datos personales, y que puedas disponer de ellos y decidir quién puede usarlos y para qué fines.